Roberto Oscar Vetere. Ensayo crítico argumentativo. En el Nombre del Padre

ENSAYO CRÍTICO ARGUMENTATIVO. EN EL NOMBRE DEL PADRE

AUTOR: Roberto Oscar Vetere. Licenciado en Educación, Master en Prevención y Tratamiento de conductas adictivas.

Miembro Didacta
TUTOR: Adrián Marcelo Cardozo Cusi
FECHA: 24.12.2017

RESUMEN:

En el  presente ensayo propongo una reflexión crítica acerca de la vigencia en España de la Ley 14/2006 de Técnicas de Reproducción Asistida del 26 de Mayo de 2006, art 5 y 6, de protección del anonimato a los donantes de esperma con fines de uso reproductivo, vulnerando así en el niño a nacer el derecho a su plena identidad, generando no solo un daño jurídico, sino epigenético, toda vez que desde nuestra formación como facilitadores en el campo de las Constelaciones Familiares Sistémicas, desarrolladas por Bert Hellinger, dicho ocultamiento genera ya desde la concepción  una serie de graves desórdenes en la estabilidad interior y exterior del niño, dada  la exclusión de su  padre biológico y la privación consciente y premeditada  de acceso al conocimiento de  su árbol genealógico, además del  grave secreto que se instala  por mandato de  una  Ley injusta,  metáfora de la inhumanidad de un Padre Estado fríamente normativo. En el presente ensayo, expongo diferentes miradas profesionales a favor y en contra del derecho a saber, como así también, a modo ilustrativo, el desarrollo de una situación en tiempo real al interior de una familia en la cual se hacen evidentes las implicancias sistémicas ante el secreto impuesto, que obstaculiza la toma de decisiones y el encuentro de las posibles soluciones favoreciendo la continuidad de las desdichas. La investigación acerca de la donación de óvulos con el mismo fin amerita un segundo trabajo, dada la complejidad de la intervención clínica. El impacto social actualmente está generado por la donación anónima de esperma con fines reproductivos, en preocupante descontrol de la oferta y la demanda. Palabras clave: Anonimato-Donante-Padre -Secreto-Filiación Jurídica-Derecho a saber. Implicancias Sistémicas- Exclusión.

1. Introducción

1.1 Qué le voy hacer si yo nací en el Mediterráneo

Sobrevivió a la lucha por la vida en una de las tantas pateras que partieron en aquel momento del Senegal, país africano cuyo nombre, en lengua wolof significa: nuestra barca. Pueblo de eximios pescadores y navegantes. Fuertes y benévolos, fueron llevados por la fuerza a occidente, durante siglos, a servir como esclavos. Partían maniatados desde la Isla de Goore y jamás regresarían a lugares donde conocieron el amor. Un desorden total asoló a sus familias. Muchos compañeros de travesía murieron en las tormentas, como ahora, pero esta vez a la inversa y de manera voluntaria, muriendo igualmente de frío, de miedo, y de desesperanza. No hay nombres en las anónimas barcas que van cortando las olas buscando el maravilloso nombre de Europa. Quien se ahoga se hunde con sus anhelos. Y además se hunde con su historia por contar. De allí en más es un desaparecido. ¿Era un hijo, mayor, o el menor quizá?  ¿Era padre o madre? ¿Qué sueños poblaron esas noches de navegación en calma chicha, cuando el mar se retiraba a descansar y el agua serena hacía posible cierta meditación y un reponer fuerzas? De tantos mujeres y hombres, no sabemos nada, alguna vez una historia humilde, que se pierde en las noticias del día porque…llega otra patera a las costas españolas con cincuenta, cien, doscientos o más navegantes. Pronto dejan de ser noticia. No hay nombres. Solo rostros que a nuestra costumbre de no mirar al alma resultan confusamente semejantes. Son negros, son pobres y quien sabe qué más son. Se nos ha vedado saber del Otro. Como decía Saint Exupéry en su obra literaria “Cartas a un Rehén” que hubiera querido, aunque fuera, antes del fusilamiento, gritarles su nombre, su edad: “Tengo 37 años…me hubiese gustado abrumar a mis jueces con esta confidencia…pero ya no me interrogaron más.” (Saint Exupéry, 1944, p.55). Es que en esta maravillosa aventura de movernos en campos cuánticos tengo necesidad de retornar a una ceremonia africana del susurro. Está sucediendo aquí en Mislata, en Valencia. El niño ha pasado de brazo en brazo y le han susurrado palabras al oído. El Maestro negro africano eleva al niño y lo presenta y así conocimos su nombre en su bautismo negro. Porque allí en Senegal, antiguamente, las tasas de mortalidad infantil eran altas. De tal manera que se aguardaba algunos días y, si el pequeñín sobrevivía, se realizaba este mismo ritual con el padre anunciando a viva voz su nombre. Como para no encariñarse si se moría y además que su Alma quedara disponible para Otro. Malick, un sobreviviente de aquel peligroso año de 2009 en que hizo su viaje en patera, celebró una fiesta del Alma

familiar hace una semana, aquí, en la bella Europa, elevando al cielo a su hijito, a quién bautizó con el nombre de Abayty.  Hoy tengo un nombre y una historia por contar, la de aquel Maestro Wolof, negro africano senegalés que tomó al pequeñito nacido hace una semana en Valencia y susurrándole unas palabras al oído lo elevara con cuidadosas ambas manos, entregándoselo suavemente al padre. A su vez el padre, siguiendo la indicación del Maestro susurrará a su vez al oído del niño y pasará al pequeño a su madre, quien emocionada lo besará y también le susurrará al oído las palabras y así, a nuestro turno en la ceremonia, le elevamos y prodigamos buenos augurios para esta vida y así toda la rueda de invitados.  Allí está el padre, quien nos explica entre las felices lágrimas de todos, que Abayty es un nombre de lengua wolof que en español significa cariñosamente: “Padrecito, fuente de Vida”.

Vengo a comunicaros, amigos lectores que: ¡en las barcas pateras también nos llegan filólogos!!! Y que en el Registro Civil de Mislata hoy se anota un niño más. Curiosamente observo que en la puerta de entrada a ésta oficina, un simpático cartelito del Registro Civil lleva escrito: El que lleva un nombre comienza a existir. Inscriba a sus hijos. Vengo a decir que quedo imantado en la metáfora. Entrando al despacho del Secretario del Registro y preguntado el padre acerca del significado del nombre impuesto a su niño, le comenta: “Mi bisabuelo Abayty fue un hombre muy querido y respetado en la aldea. Sea en su honor que lleve su nombre.” Hellinger, de estar allí físicamente, compartiría en ese momento un guiño de ojo con este simpático viajero de ultramar…que encima… ¡no sabe nadar! ¡Qué bueno esto de la filología, y la genealogía y los árboles de familia, esto de poner a los hijos nombres originales o de personas queridas y respetadas!   Querido lector, vengo a decirte que estoy orgulloso junto con mi compañera Susana, de nuestra hija Lucía, de su marido Malick, de nuestro nietito Abayty a quien se le insufló el nombre de su bisabuelo africano en su patria mediterránea española. Porque aquí nació Abayty, y a esta tierra valenciana pertenece. Al despedirse, el Maestro senegalés nos comenta que cada niño africano que nace en Europa compensará en amor por las pérdidas sufridas tras el hundimiento de las barcas, y el dolor de las familias que quedaron esperanzadas, allí, en el Pueblo de Nuestra Barca y que muchas de ellas nunca sabrán que sus hijos yacen bajo las aguas de un mar, sin nombre y sin papeles, por toda la eternidad.

1.2 Los cuatro de Guildford y los siete de Maguire.  Los acontecimientos suceden en Belfast en la década de los años setenta. Cuatro jóvenes irlandeses terminan de beber unas cervezas en un Pub del pueblo de Guilford y al retirarse del mismo una bomba explota dentro del local, muriendo cinco personas entre civiles y policías. Los cuatro jóvenes son inocentes, se trata de Gerry Conlan, Paul, Patrick y Carole. Ellos son irlandeses amantes de la música y de las cosas propias de su edad. No podían esgrimir en su defensa alguna suerte de pensamiento político elaborado en los claustros de formación católica, tema que, en la Irlanda en confrontación con la Inglaterra de aquel entonces, era una llama en un tanque de gasolina. En ellos tampoco se da una militancia combativa armada, no cuenta combatir, puesto que tampoco se ven animados por convicciones reivindicativas de violenta expresión terrorista. Una ironía del destino, una visión confusa de un agente policial que los ve salir del pub y a consecuencia de ello les señala, les lleva a su detención y rapidísima condena a cadena perpetua. Eran tiempos confusos en una lucha anglo irlandesa que día a día recrudecía en cuotas de sangre, sudor y lágrimas.   Los cuatro jóvenes ya están en prisión. Serán conocidos en los medios como Los Cuatro de Guilford. Luego se agregarán siete miembros de la familia de los Maguire, lo que eleva la suma de injusticias a once detenidos. La certeza de inocencia es muy alta y les mantiene esperanzados. La justicia llegará y serán libres. Repentinamente todo se desploma.  Si habiendo algo de luz, la misma se va apagando. Viene a suceder que Giuseppe, el padre de Gerry se traslada un tiempo atrás a vivir lo más cerca posible de la prisión de Belfast, para acompañar en su suerte al hijo amado. Giuseppe es un padre de palabra sencilla y firmes convicciones, que ama a su hijo, ese hijo un tanto díscolo, rebelde, confundido en no tener claro qué hacer en medio de su país en guerra. Giuseppe le ama y como expresión de ese amor de padre vive la realidad del hijo permaneciendo constante en las visitas al presidio, hasta que una mañana Giuseppe ingresa a la prisión…ya no en calidad de visitante, sino de preso. Si la inocencia de los Cuatro de Guilford y los Siete de Maguire no es del todo evidente- hay dudas-la detención del padre Giuseppe viene a oscurecer aún más la esperanza de la liberación. Se le acusa de manipular explosivos. Lo máximo que han manipulado sus manos, irónicamente, son las cerillas con las cuales enciende la hornalla de la cocina de su hogar día a día, a fin de preparar la solitaria cena.

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